Capítulo II

Capítulo II
En que se declara lo que se debe hacer por cada uno
En los negocios dicen los jurisconsultos que hay más particularidades que
vocablos, y así en estas cosas morales, que todas consisten en negocios, se ofrecen
cosas, en que no se puede dar la ley y regla general, sino que se han de remitir al
buen juicio y recta razón del hombre sabio y experimentado, cuales son las cosas
que Aristóteles en el presente capítulo disputa.
Hay, pues, alguna duda y dificultad en cosas semejantes: como si conviene en
todas las cosas tener respecto al padre y obedecerle, o, si estando enfermo, conviene
obedecer al médico más que al padre; y para la guerra, elegir antes capitán prudente
en ella que no al proprio padre. Y, de la misma manera, si conviene más hacer
servicio al amigo que al hombre virtuoso, y si es bien dar el galardón al que nos
hizo alguna buena obra, antes que hacer bien a nuestro compañero, si acaso no
podemos hacer por ambos juntamente. Tales cosas, pues, como éstas no pueden
fácilmente determinarse con clara y manifiesta certidumbre, porque tienen muchas
y varias diferencias, así en lo más como en lo menos, y en lo honesto, como en lo
necesario. Pero esto es cosa cierta, que no se ha de hacer por amor de uno toda cosa,
y las buenas obras por la mayor parte se han de galardonar antes que hacer bien a
cualquiera amigo, de la misma manera que, lo que se debe, antes se ha de pagar al
que se debe que darlo a ninguno otro. Aunque esto no es, por ventura, siempre así,
como agora, si uno ha sido rescatado de mano de cosarios,¿es bien que rescate al
que lo rescató, sea quien quisiere, o si preso no está, pero le pide lo que dio por él,
se lo pague, o es mejor que rescate a su padre con aquel dinero? Porque parece que
en tal caso mas obligación ternía de rescatar a su proprio padre aún que a sí mismo.
La deuda, pues, como está dicho, así, generalmente hablando, hase de pagar; pero
si la tal paga excede los límites de la bondad o de la necesidad, hase de reglar por
éstas, porque aun el galardonar la buena obra recibida de otro no es, algunas veces,
cosa justa, cuando el que la hizo entendió que la hacía por un buen varón, y el que
ha de dar el galardón a aquel a quien lo ha de dar, lo tiene por mal hombre. Y aun
al que prestó no es bien algunas veces hacer por él lo mismo, porque aquel tal,
entendiendo que prestaba a un hombre de bien, prestó entendiendo que lo había de
cobrar; pero estotro no tiene esperanza de haber de cobrar del que es ruin. Y si, en
realidad de verdad, esto pasa así, no es justa aquella general proposición; y si no es así, pero piensen ser así, no parecer que hacen los tales cosas fuera de razón. Lo
que se dice, pues, de los afectos y de los negocios (como ya lo habemos advertido
muchas veces), hase de determinar según fueren las cosas en que consiste. Cosa,
pues, es muy clara y manifiesta que ni se ha de hacer por todos toda cosa, ni al
padre se le ha de dar toda cosa, así como a Dios tampoco le sacrificamos toda cosa.
Y, pues, unas cosas se han de hacer por amor a los padres, y otras por los hermanos,
y otras por los amigos, y otras por los bienhechores, a cada uno le habemos de
dar lo que es suyo y le pertenece. Y así parece que se hace, porque para unas
bodas convidan a los parientes, a los cuales les es común ser de un linaje, y los
negocios que acerca dél se han de hacer, y por la misma razón a los desposorios
les parece que es más razón que acudan los parientes. Pero a los padres parece que
sobre todo conviene favorecerlos con darles el mantenimiento necesario, como
a personas a quien deben toda cosa, y de quien tienen el ser, y que es más justo
que los mantengan a ellos que a sí mismos. Y la honra háseles de dar a los padres
como a los dioses, aunque no se les ha de hacer a los padres cualquier género de
honra, porque ni aun al padre la misma que a la madre, ni la que se hace al sabio,
gobernador, sino al padre la honra paternal y a la madre también la maternal, y
asimismo a cualquier anciano la que se le debe conforme a su edad, levantándose
cuando él viene, y haciéndole lugar y con otras cosas semejantes. Pero para con
los amigos y con los hermanos habemos de usar de liberalidad y comunicar con
ellos toda cosa. Asimismo para con los parientes, con los perroquianos, con los
ciudadanos, habemos siempre de procurar de tratarnos de tal suerte, que demos a
cada uno lo que es suyo, y cotejemos lo que hay en cada uno según la familiaridad
que con él tenemos, o según la virtud o según el provecho que nos hace.Entre los que
son de un mismo linaje, pues, fácil cosa es juzgar lo que se ha de hacer por cada uno,
pero entre los que son de diversos hay mayor dificultad. Pero no por eso habemos de
desistir dello, sino distinguirlo de la mejor manera que pudiéremos.

0 Responses to “Capítulo II”


  1. No Comments

Leave a Reply