Capítulo III
En que se disputa si se han de deshacer las amistades
Llana cosa es lo que en este capítulo se trata. Prueba cómo las amistades fundadas
en utilidad o en deleite, en faltar la causa dellas luego se deshacen, pero en las
fundadas en virtud, si alguno siendo malo pretendió que le amaban como a bueno, y
después le salió al revés, él mismo tuvo la culpa, pues fió de sí lo que no debía. Pero
si alguno se fingió bueno, por ser tenido y amado por tal, y después faltó a lo que se
mostraba, este tal dice Aristóteles ser más digno de castigo que el que hace moneda
falsa, tanto cuanto es de mayor valor la virtud que no el dinero.
Hay también alguna duda acerca del deshacer las amistades o no para con los que
no perseveran. Aunque entre los que son amigos por utilidad o por deleite, cuando ya dellas lo tal no les procede, no es maravilla que las tales amistades se deshagan,
porque eran amigos de aquellas cosas, las cuales faltando, estaba claro que no
se habían de querer bien. Pero entonces se podría quejar uno con razón, cuando
amándole uno por su utilidad o por deleite, fingiese amarle por sus costumbres y
bondad. Porque, como ya dijimos al principio, hay muchas maneras de amistades y
de amigos, cuando no son amigos de la misma manera que pensaban. Pues cuando
uno desta manera se engañare, que pretendiere ser amado por sus costumbres y
virtud, no obrando él cosa ninguna que a virtud huela, quéjese de sí mismo; pero
cuando este mismo, fingido del otro, le engañare, con justa razón del tal que le
engañó podrá quejarse, y tanto con mayor razón que de los que hacen moneda falsa,
cuanto contra más ilustre cosa se comete la maldad. Pero si uno admite a otro por
amigo, pretendiendo que es hombre de bien, y después sale ruin, o parece serlo,
¿halo de querer bien con todo eso? ¿O diremos que no es posible, pues no toda cosa
es amable, sino la que es buena? No es, pues, el malo cosa amable, ni conviene
amar al malo, porque ni es bien ser amigo de ruines ni tampoco parecerles, y está
ya dicho en lo pasado, que lo semejante es amigo de su semejante. ¿Hase, pues,
de romper luego el amistad o no con todos, sino con aquellos, cuya maldad es
incurable?; pero a los que son capaces de corrección más favor se les ha de dar en
lo que toca a las costumbres, que en lo que a la hacienda, cuanto las costumbres
son mejores que ella y más anexas a la amistad. Aunque el que tales amistades
descosiese, no parece que haría cosa fuera de razón, porque no había tomado
amistad con el que ser agora se demuestra. No pudiendo, pues, conservar al que
de tal manera se ha mudado, apártase dél. Pero si el bueno persevera y el malo
se mejora en la virtud, pero con todo eso entre la virtud del uno y la del otro hay
mucha distancia, ¿halo de tener por amigo, o diremos que no es posible? Porque
cuando en las personas hay mucha distancia, manifiesta cosa es que no es posible,
como en las amistades trabadas dende la niñez. Porque si el uno se queda mochacho
en cuanto al entendimiento, y el otro sale varón de mucha suerte, ¿cómo podrán
estos tales perseverar en su amistad, pues ni se agradaran de unas mismas cosas,
ni recebirán contento ni pena con unas mismas cosas, ni el uno al otro se darán
contento? Y donde esto no hay, no es posible ser amigos, porque no pueden entre
sí tratar conversación. Pero destas cosas ya arriba se ha tratado. Y, pues, ¿no se
ha de tratar más cuenta con el tal, que si nunca se hobiera conocido? ¿O conviene
acordarse de la pasada conversación? Y así como juzgamos que debemos antes
complacer a los amigos que a los extranjeros, de la misma manera a los que fueron
nuestros amigos por el amistad pasada se les ha de conceder alguna cosa, sino
cuando por algún exceso de maldad vino a romperse el amistad.












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