Capítulo III

Capítulo III
En que se prueba cómo el deleite es cosa buena, y que no se han de escoger todos
los deleites, y se satisface a las razones de los que tienen lo contrario
Propuesta la opinión de Eudoxo, y respondido a las razones de los que la
refutaban, muestra cómo las razones de los que querían probar que el deleite no era
cosa buena, no coligen nada, ni tienen ninguna consecución, Porque no se colige:
el deleite no es calidad, luego no es cosa buena; el deleite admite más y menos, luego no es cosa buena. Porque en muchas cosas demuestra haber esto que es no
ser calidad, como en un buen ejercicio, y admitir más y menos, como el ser justo,
y con todo eso ser cosas buenas. Demuestra después el deleite no ser movimiento
ni generación, y que no todos los deleites tienen por contraria la tristeza, sino
solos los corporales. Declara, al cabo, que no todo lo que parece deleite es deleite,
porque lo que la voluntad viciosa juzga por deleite a la tal le es, pero de suyo no
lo es, así como el buen manjar, que el enfermo lo juzga amargo, al tal enfermo
le es amargo, pero no lo es de suyo. Y así, lo que la voluntad sin virtud juzga
ser deleite, no se ha de apetecer.
Pero no porque el deleite no sea calidad, deja por eso de ser uno de los bienes,
porque tampoco son calidades los ejercicios virtuosos, ni menos lo es la misma
felicidad. Dicen, asimismo, que lo bueno es cosa ya determinada, pero que el deleite
no tiene cierto término, pues admite más y menos. Pues si del deleitarse lo coligen
esto, lo mismo hallarán en la justicia y en las demás virtudes, conforme a las cuales,
clara y manifiestamente, confiesan ser unos más tales y otros menos, porque unos
hay que son más justos que otros, y otros más valerosos que otros. Y aun acontece
que uno use más de justicia que otro, y uno sea más templado en su vivir que otro.
Pero si en los mismos deleites dicen que consiste, no dan aún bien en la cuenta de
la causa, si unos deleites hay que no admiten mezcla y otros que son mezclados.
Pero ¿qué inconveniente hallan en que así como la salud, siendo cosa que tiene
fin y término, con todo eso admite más y menos, de la misma manera también
acontezca en el deleite? Porque ni en todas las cosas hay la misma templanza, ni
aun en la misma cosa es siempre una misma, sino que aunque se debilite, queda
la misma hasta llegar a cierto término, y difiere en más y menos. Y esto mismo
puede acontecer en el deleite. Los que ponen que el sumo bien es cosa perfeta, y
que los movimientos y generaciones son cosas imperfetas, pretenden mostrar que
el deleite es movimiento y generación. Pero no parece que dicen bien en esto, ni
que el deleite es movimiento, porque a todo movimiento le es anexa la presteza y la
pereza, aunque no en respecto y comparación de sí mismo, sino de algún otro, como
al movimiento del mundo en respecto de otro, pero en el deleite ni hay presteza ni
pereza, porque caer en un deleite de presto puede acontecer, como caer en ira, pero
deleitarse no es posible ni de presto ni respecto de otrie; pero el andar y crecer,
y las cosas otras como éstas, bien pueden hacerse presta y perezosamente. Caer,
pues, en el deleite presta o perezosamente, bien es posible, pero no lo es el obrar
conforme a él, digo el mismo deleitarse. ¿Cómo será, pues, generación? Porque
no parece que cualquier cosa se haga de cualquiera, sino que de lo mismo que se
hace, en aquello mismo se resuelve, y así, de lo que el deleite fuese generación, de
aquello mismo sería la tristeza perdición. Dicen, asimismo, que la tristeza es falta
de lo que naturaleza requiere, y el deleite cumplimiento o henchimiento de aquello.
Pero estas cosas son afectos corporales, porque si el deleite fuese henchimiento de lo que naturaleza requiere, aquello mismo en quien se hace el henchimiento, sentiría
el deleite; luego el cuerpo sería el que se deleitase, lo cual no parece ser así. No es,
pues, el deleite henchimiento, sino que haciéndose este henchimiento, se deleita
el hombre, y quitándole alguna parte, se entristece. Pero esta opinión parece haber
procedido de las tristezas y deleites que acaecen acerca del mantenimiento, porque
los que están faltos dél, y por la misma razón tristes, cuando matan su hambre,
se deleitan. Pero esto no acaece en todos los deleites, porque los deleites de las
sciencias y de los sentidos, como son los que dan los olores, las músicas, las
hermosas vistas, y muchas memorias y esperanzas, carecen de tristeza. ¿De quién,
pues, diremos que son generaciones estos deleites semejantes? Porque de ninguna
cosa son defectos, cuyas harturas o henchimientos sean. Pero a los que proponen
deleites feos y torpes, puédeseles responder que cosas semejantes no son cosas
deleitosas; porque no porque a los que tienen los afectos estragados les parezcan
deleitosas, por eso habemos de creer que lo son absolutamente, sino deleitosas a los
tales; de la misma manera que las cosas que a los enfermos les parecen provechosas,
dulces o amargas, o las que a los lagañosos les parecen blancas, no por eso diremos
que son tales. ¿O responderemos que los deleites son, cierto, cosas de apetecer, pero
no los de cosas como aquéllas; así como el enriquecer es cosa de desear, pero no,
haciendo traiciones a la patria, y el tener salud es cosa de desear también, pero no
comiendo cualquier cosa? ¿O diremos que los deleites difieren en especie, porque
los que proceden de cosas honestas son diferentes de los que de cosas feas, y que
ninguno puede deleitarse como se deleita el hombre justo, no siendo justo, ni como
se deleita el músico, no siendo músico, y de la misma manera en todo lo demás? Y
que el deleite no sea bueno, o que haya diferentes especies de deleites, claramente
lo muestra la diferencia que hay entre el amigo y el lisonjero, porque el amigo
conversa encaminando su conversación a lo bueno, y el lisonjero a lo deleitable,
y así lo del lisonjero es vituperado y lo del amigo es alabado, como cosas que
enderezan su conversación a cosas diferentes. Ninguno tampoco habría que holgase
de vivir toda la vida teniendo entendimiento de mochacho, por deleitarse con las
cosas con que más parece que se deleitan los mochachos, ni se alegrase haciendo
alguna cosa torpe, aunque nunca se hobiese de entristecer. Muchas cosas, asimismo,
procuramos con mucha solicitud, aunque ningún deleite den, como el ver, el
acordarnos, el saber, el ser dotados de virtudes. Y si tras destas cosas de necesidad
se siguen deleites, no importa, porque también las escogeríamos aunque ningún
deleite nos procediese dellas. Consta, pues, al parecer, que ni el deleite es cosa
buena, ni todo deleite es de escoger, y que hay algunos deleites dignos de escoger de
suyo mismos, los cuales difieren en especie, o, a lo menos, las cosas de do proceden
ellos. Baste, pues, lo que está dicho del deleite y la tristeza.

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