Capítulo III

Capítulo III
De los cinco hábitos del entendimiento, y de las cosas de que se tiene sciencia,
y de la misma sciencia
Comienza ya, después que ha declarado la origen y principio de nuestro entender
y obrar, a tratar de los hábitos del entendimiento. Propone cómo son cinco: arte,
sciencia y prudencia, sabiduría, entendimiento. Trata primero, de la sciencia,
declarando en qué genero de cosas consiste.
Comenzando, pues, como de nuevo, tratemos destos hábitos del entendimiento.
Cinco son, pues, las cosas en las cuales, o afirmando o negando, dice nuestro ánimo
verdad: arte, sciencia, sabiduría, entendimiento. Porque en las cosas que consisten
en parecer y opinión, puede acaecer decir mentira. De aquí, pues, se colige qué cosa
es la sciencia, si claramente queremos hablar, y no seguir semejanzas y metáforas.
Porque todos tenemos por cierto que aquello que sabemos no puede ser de otra
manera. Porque las cosas que de otra manera pueden ser, cuando están apartadas
de nuestra vista, no sabemos si son así o si no. De manera que lo que se sabe es
cosa que necesariamente sucede, y por la misma razón es cosa perpetua. Porque
las cosas que necesariamente son, todas, generalmente hablando, son perpetuas, y
todo lo que es perpetuo jamás nació ni pereció. A más desto, toda sciencia parece
que es apta para enseñar, y todo lo que se puede saber se puede aprender. Y toda
sciencia, como dijimos ya en los libros Analíticos, procede de cosas primeramente
entendidas. Porque unas cosas se saben por inducción, y otras por discurso de
razón. Lo que se sabe por inducción son los primeros principios, y las cosas muy
comunes y universales. Pero el discurso de razón procede de la universal. Aquellas
proposiciones, pues, de donde procede el discurso de razón o silogismo, son los
principios, los cuales no se pueden probar por discurso de razón, sino sólo por
enumeración de cosas singulares, que llaman inducción. De manera que la sciencia
es un hábito demostrativo, con todos los demás arrequives que propusimos en
los libros Analíticos. Cuando uno, pues, en alguna manera cree una cosa, cuyos
principios le fueren declarados, entonces se dice que la sabe. Porque si no entiende
los principios, más de verás se dirá que sabe accidentariamente la conclusión. De
la sciencia, pues, desta manera quede disputado.
Esta materia, aunque aquí la pone Aristóteles, más es lógica que moral, como
él mismo claramente lo confiesa. Y así, el que no fuere lógico, pase por ella ligeramente, como por cosa que para materia moral importa poco. Sólo entienda
qué discurso de razón es cuando de unas verdades se sacan y coligen otras desta
manera. Pues toda cosa compuesta de muchas cosas diferentes y contrarias, de
necesidad ha de perecer por la contienda que las unas llevan con las otras, y vemos
que todos los hombres son compuestos de cosas diferentes y contrarias: carne,
hueso, calor y frío; colígese que todos los hombres de necesidad han de perecer.
Inducción es cuando probamos ser verdad una cosa dicha en común, demostrando
experiencia de muchas cosas singulares en favor de aquélla, como si probamos
que todo hombre ha de morir, pues vemos que murió el emperador, nuestro señor
Carlos V, y el príncipe, su nieto, y cada día vemos morir unos y otros, y no sabemos
que haya hombre ninguno que siempre dure. Principios son unas verdades que
no se pueden probar sino por estas particulares experiencias y inducciones, como
en la geometría éstas: cualquier cosa entera es mayor que ninguna de las partes;
de cualquier punto a otro cualquier punto se puede echar una línea recta. Destos
principios y discursos y inducciones, puestos en un particular argumento y materia
de cosas, se hacen las sciencias, como puestos en materia de enfermedades vienen
a hacer la medicina. De todo esto tratamos claramente en la introducción que
publicamos para la Lógica de Aristóteles, y muy largamente en los comentarios
que sobre su lógica tenemos escritos, si a luz salieren algún día. Pero esto,
como dije, para el filósofo moral, que para su utilidad lee esta materia, no
importa mucho.

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