Capítulo IV

Capítulo IV
En que se disputa si hay alguno del todo incontinente, o si todos los que lo son lo
son en parte, y si alguno del todo lo es, en qué género de cosas lo es.
En el capítulo pasado propuso Aristóteles tratar ciertas cuestiones acerca de
la continencia, y trató las que habemos visto. Agora disputa si hay alguno que
en todo género de vicios sea incontinente. Y así divide los deleites en unos de
cosas necesariamente obligatorias, como es el comer y beber para vivir, y otros
de cosas voluntarias, como son los que proceden de las honras, y declara cómo
incontinente, así absolutamente dicho, se entiende en los deleites corporales, pero
con aditamento incontinente en el desear honras o haciendas bien se dirá. De modo
que el incontinente absolutamente dicho y el disoluto, en unas mismas cosas se
emplean, aunque de diferente manera.
Tras desto habemos de disputar si hay alguno absolutamente incontinente, o si
lo son todos en parte y, si lo hay, en qué calidad de cosas consiste. Entendido, pues,
está que los continentes y los perseverantes, y los incontinentes y los afeminados,
consisten en los deleites y pesadumbres. Pero, porque destas cosas que dan deleite,
unas hay necesariamente obligatorias, y otras, en cuanto a sí mismas, voluntarias
y subjetas a nuestra elección, pero que tienen en sí gran exceso (llamo necesarias
las corporales, como son las cosas de mantenimiento y carnales apetitos, y cosas
semejantes que al cuerpo pertenecen, en las cuales pusimos la disolución y la
templanza), y otras que no son necesariamente obligatorias, pero dignas de ser
por sí mismas escogidas y estimadas, como si dijésemos: la victoria, la honra, las
riquezas y otros bienes semejantes y aplacibles cosas; a los que en tales bienes
como éstos, contra el uso de la buena razón que tienen, quieren exceder, no los
llamamos absolutamente incontinentes, sino, con aditamento, incontinentes en los
dineros y en la ganancia, y en la honra y en la saña; pero absolutamente no los
llamamos incontinentes, como a personas diferentes de los que son absolutamente
incontinentes, y que los llamamos así por cierta semejanza, de la misma manera que
decimos el hombre que gana la joya en las fiestas del Olimpo: porque con aquella poquita de adición se distinguió el vocablo común del particular y proprio. Pero
con todo eso, el absolutamente incontinente diferente es de los otros, como se vee
por esta razón: que la incontinencia es vituperada, no solamente como yerro, pero
como especie de vicio, ora sea en general, ora en parte, pero de los otros ninguno.
Pero de aquellos que se emplean en los usos corporales, en que decimos consiste
ser uno templado o disoluto, el que no por propria elección busca los excesos de
los deleites y huye los de las cosas tristes y pesadas, como de la hambre, de la sed,
del calor y frío, y de las demás cosas que en el tacto y gusto consisten, sino fuera
de su elección y parecer, este tal se dice incontinente, no con aditamento en tal o
tal cosa, como lo decimos en la cólera, sino así: absolutamente incontinente. Lo
cual en esto se conoce: que los que se llaman disolutos, por causa destas cosas se
llaman, y no por ninguna de las otras. Y por esto, ponemos que el incontinente y
el disoluto se emplean en un mismo género de cosas, y también el continente y el
templado, pero no ninguno de los otros, porque, en cierta manera, consisten en unos
mismos deleites y molestias. Pero aunque en unas mismas cosas se emplean, no se
emplean de una misma manera, sino los disolutos de su propria elección y voluntad,
y los incontinentes sin elección. Por esto decimos ser más disoluto aquel que, sin
incitarle sus deseos o, sin incitarle mucho, busca los extremos deleites y huye las
molestias moderadas, que no el que lo hace acosado de sus deseos reciamente.
Porque ¿qué hiciera este tal si un juvenil deseo le incitara, o alguna fuerte molestia
le sucediera en la necesidad de las cosas necesariamente obligatorias? Pero
por cuanto en las codicias y deleites hay unos de cosas que, en su género, son
buenas y honestas, (porque de las cosas suaves algunas hay que naturalmente son
cosas de escoger, y otras contrarias dellas, y otras medias, como en lo pasado
dividimos, como son los dineros, la ganancia, la victoria, la honra), en todas las
cosas semejantes y en las que son medias, no son vituperados los hombres ni por
sufrillas, ni por deseallas, ni por amallas, sino por errar el cómo y exceder. Por
esto, todos cuantos, fuera de razón, se dejan vencer o procuran alguna cosa de las
que son naturalmente y de suyo honestas y buenas, son vituperados, como los que
procuran más honra de la que les conviene, o procuran para sus hijos o para sus
padres, porque éstas también son cosas buenas, y los que las procuran son alabados.
Pero con todo eso hay en esto su exceso, como si uno por sus hijos pelease contra
los dioses, como cuentan las fábulas de Niobe, o como aquel sátiro que tuvo por
sobrenombre Filopator, que es amador de su padre, por el demasiado afecto de
amor que mostró para con su padre; porque en aquello se mostraba muy necio. En
estas cosas pues, por la razón que habemos dicho no hay maldad, porque cada cosa
destas por sí misma es de apetecer naturalmente, pero lo que en ellas es malo y de
aborrecer son los excesos. Pero la incontinencia no es de la misma manera, porque
la incontinencia no solamente es de las cosas de que nos habemos de guardar, pero
es también de las que vituperamos, aunque, por alguna manera de semejanza del afecto, suelen poner el nombre de la incontinencia a las demás cosas, como cuando
dicen de uno que es mal médico o mal representante, del cual así, absolutamente,
no dirían que es malo. Pues así como en esto, no porque cada cosa destas sea
maldad, sino por tener alguna proporción de semejanza con las cosas malas, se dice
mala, así también habemos de juzgar de la incontinencia, que la continencia y la
incontinencia, propriamente, son las que se emplean en lo mismo que la templanza y
la disolución; pero de la saña se dice por cierta semejanza, y por esto lo decimos con
este aditamento: incontinente en la saña, o en la honra, o en la ganancia.

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