Capítulo IV

Capítulo IV
Cómo solos los buenos son por sí mismos y absolutamente amigos, y los demás
accidentariamente
No contiene este capítulo nueva materia ni disputa, sino que declara más lo que
ha propuesto en el pasado, y prueba sola la amistad de los buenos ser absolutamente
y de veras amistad, y las otras sólo en la aparencia, en cuanto tienen algo que
parece a las amistades de los buenos.
Pero la amistad que se toma por cosas de deleite, tiene alguna muestra del amistad
de los buenos, porque también los buenos son los unos a los otros aplacibles. Y
lo mismo es en la que se toma por respecto de alguna utilidad, porque también
los buenos son los unos a los otros provechosos. Entre tales, pues, entonces duran
más las amistades, cuando del uno al otro procede cosa igual, como si dijésemos
igual deleite, y no sólo esto, pero también cuando procede de lo mismo, como
acontece entre los graciosos cortesanos, y no como acaece entre el amador y el
amado. Porque éstos no se deleitan con unas mismas cosas, sino que el enamorado
se huelga de ver al que ama, y, el amado de los servicios que le hace el amador. Pero
estragada aquella hermosura, muchas veces también se deshace la amistad, porque
ni al enamorado le es aplacible la vista, ni el amado recibe ya los servicios que
solía. Aunque muchos también perseveran en el amistad, si acaso en la contratación
se han conocido ser de costumbres semejantes, y de ahí han venido a amarlas. Pero
los que en los amores no procuran el deleite, sino el provecho y interese, menos
amigos son y menos en el serlo perseveran. Y los que por el interese son amigos,
en cesar el interese dan también fin a la amistad, porque no eran amigos entre sí,
sino de aquel provecho. Por causa, pues, de algún deleite o de algún provecho, bien
puede acaecer que los malos sean amigos entre sí, y aun los buenos de los malos, y
otros de cualquier manera. Pero por sí mismos, cosa cierta es que solos los buenos
pueden ser amigos, porque los malos no se agradan los unos de los otros, sino que
algún provecho se atraviese de por medio. Y sola la amistad de los buenos está libre
de chismerías, porque ninguno fácilmente creerá lo que otro le diga de aquel que
por largo tiempo lo tiene experimentado. Y más que en estos tales se halla el fiarse,
y el jamás hacerse agravio, y todas las demás cosas que en la amistad verdadera se
requieren; pero en las demás amistades no hay cosas que impidan el acaecer cosas
semejantes, pues llaman los hombres amigos también a los que lo son por interese,
como lo hacen las ciudades (porque las ligas de los pueblos parece que se hacen
por la utilidad), y también a los que lo son por deleite, como lo hacen los niños.
Aunque también, por ventura, nosotros los habremos de llamar a los tales amigos,
y hacer varias especies de amistad: una, la que lo es principal y propriamente, que
es la de los buenos, en cuanto son buenos, y las otras por cierta semejanza, porque
en cuanto contienen en sí algún bien y semejanza, en tanto son amigos. Porque la cosa deleitosa buena es para los que son aficionados al deleite. Aunque estas dos
cosas no conciertan mucho, ni unos mismos son amigos por utilidad y por
deleite, porque las cosas que accidentariamente son tales, no conforman mucho
en uno. Partiendo, pues, el amistad en estas especies, los malos serán amigos
por deleite, o por provecho, pues son en esto semejantes, pero los buenos serán
amigos por sí mismos, porque éstos en cuanto son buenos son absolutamente
amigos, pero los otros accidentariamente, y en cuanto quieren remedar a los
buenos en alguna cosa.

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