Capítulo IV

Capítulo IV
De las obras de los amigos, y cómo el amigo se ha de tratar de la misma manera
para consigo y para con el amigo, pero que el malo ni para consigo en alguna
manera ni para con otro tiene afecto de amigo
En el capítulo cuarto se pone el fundamento de la amistad, que es tener para
con el amigo el mismo afecto que para consigo mismo tiene, y desearle al tal por
su proprio respecto lo que para sí mismo querría. Pónense algunas difiniciones del
amigo, y dispútanse acerca de esto algunas cosas curiosas.
Pero los cumplimientos, de que para con los amigos se ha de usar, y las cosas
con que las amistades se difinen, parecen haber procedido del amor que a sí mismo
se tiene cada uno. Porque dicen que el amigo es aquel que desea y procura lo bueno,
o lo que parece serlo, por causa del amigo. O que el amigo es aquel que desea que
el amigo dure y viva por causa y respecto del amigo mismo, el cual afecto y deseo
tienen también las madres para con sus hijos, y también los amigos ofendidos.
Otros dicen que el amigo es aquel que conversa con el amigo, y ama lo mismo que
él, y de su dolor se duele y con su alegría se regocija. Pero esto más particularmente
acaece en las madres para con los hijos. Con alguna cosa, pues, destas suelen definir
el amistad. Pero en el bueno cada cosa destas se halla en respecto de sí mismo, y
en los demás en cuanto se tienen por hombres de bien. Porque, como está dicho, la
virtud y el virtuoso en cada cosa destas parece ser la regla. Porque este tal cuadra
consigo mismo, y en todas las partes de su alma tiene unos mismos apetitos, y
para sí mismo quiere y procura lo bueno y lo que le parece serlo. Porque proprio
del bueno es procurar lo bueno por su proprio respecto, porque por ser entendido
lo desea, lo cual haber en sí a cada uno le parece. Desea, pues, cada uno vivir y
conservarse, y señaladamente apetece aquello con que se hace prudente. Porque
al bueno bien le es el ser, y cada uno quiere para sí lo bueno. Pero sí el bueno se
mudase y se hiciese otro de lo que es, ninguno holgaría, que aquel tal que se ha
trastrocado tuviese todos los bienes, porque también Dios tiene en sí el sumo bien,
pero este sumo bien es lo mismo que el mismo Dios. Parece, pues, que cada uno de
los hombres es entendimiento, o a lo menos más aquello que otra cosa. Y así este
tal huelga de conversar consigo mismo, porque lo hace con mucho gusto, por ser
muy aplacible el acordarse de las cosas ya pasadas, y también las buenas esperanzas
de las cosas venideras, y estas tales caen en mucho gusto. Abunda asimismo de
consideraciones este tal en su entendimiento, y consigo mismo o se aflige mucho
o se huelga mucho, porque una misma cosa le es del todo o pesada o aplacible, y
no agora de una manera y agora de otra. Porque este tal no hace cosas de que le
convenga arrepentirse. Pues, porque cada cosa destas desea tener el bueno por su
proprio respecto, y para con el amigo se ha de tratar como para consigo mismo
(porque el amigo es un otro él), de aquí procede que el amistad parece consistir en alguna destas cosas, y que aquellos en quien semejantes cosas se hallan son
amigos. Pero si tiene o no tiene cada uno amistad consigo mismo, no hay para qué
disputarlo por agora. Parece, pues, que el amistad consiste en haber dos o más cosas
de las ya tratadas, y que la excesiva amistad parece mucho a la que consigo mismo
tiene cada uno. Pero parece que también se hallan en la gente común las cosas
que están dichas, aunque los tales sean ruines, pero por ventura que en cuanto los
unos de los otros se agradan, y pretenden ser hombres de bien en tanto les alcanza
parte destas cosas, pues en ninguno que sea del todo perverso y malhechor se halla
ninguna cosa destas, ni aparencia dellas, y aun casi ni en los mismos malos. Porque
ni aun consigo mismos no conforman, y unas cosas apetecen y otras quieren, como
les acontece a los incontinentes, los cuales posponen las cosas que juzgan ser buenas
para ellos, por las cosas aplacibles que les son perjudiciales. Otros, de cobardía y
flojedad dejan de hacer las cosas, que entienden ser muy convenientes para ellos.
Otros, que han hecho muchas y muy grandes maldades, por su propria perversidad
aborrecen y huyen de la vida y se matan a sí mismos; los malos, pues, buscan con
quién conversar, y huyen de sí mismos, porque se les acuerda de muchas y muy
graves maldades, cuando consigo mismos conversan, y esperan otras tales como
aquéllas, pero conversando con otros olvídanse de cosas semejantes. Como no
tienen, pues, en sí cosa que de amar sea, por eso ningún amor se tienen a sí mismos,
de manera que estos tales, ni se huelgan consigo mismos, ni se duelen, porque está
amotinada y discorde el alma destos tales, y unas veces por su perversidad recibe
pena, absteniéndose de algunas cosas, y otras veces se huelga de abstenerse, y la
una parte le retira a lo uno, y la otra a lo otro, como quien lo despedaza. Pues si
es verdad que no puede juntamente entristecerse y regocijarse, sino que a cabo
de poco se entristece porque se regocijó, y no quisiera haber tenido tales deleites
(porque los malos están llenos de arrepentimiento), parece cierto que el malo ni aun
consigo mismo no tiene amistad, por no tener en sí cosa que de amar sea. Y, pues,
estar dispuesto de tal suerte es muy grande desventura, con todas sus fuerzas es bien
que procure huir de la maldad y trabaje de ser bueno, porque desta manera terná paz
y amistad consigo mismo y será también amigo de los otros.

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