Capítulo V
De la buena voluntad
Casi todo lo que en este capítulo se trata, está ya de lo de antes entendido. Pone la
diferencia que hay entre la buena voluntad y el amistad, que es la misma que entre
el género y la especie, que dondequiera que hay amistad hay buena voluntad, mas
no por el contrario, porque a muchos tenemos buena voluntad, sin haberlos tratado
jamás ni conocido, lo cual no es posible en la amistad.
La buena voluntad parece algo a la amistad, pero no lo es, porque la buena
voluntad puédese tener a los que no son conocidos, y puede ser sin que se entienda,
pero el amistad no. Pero esto ya está dicho en lo pasado. Pero ni tampoco es afición,
porque la buena voluntad ni tiene porfía ni apetito, pero en la afición ambas a dos
cosas se hallan. Asimismo la afición va acompañada de conversación, pero la buena
voluntad repentinamente se cobra, como acontece en los que se combaten, a los
cuales se les aficionan y desean juntamente con ellos la victoria, pero no por eso
se ponen a ayudarles. Porque, como habemos dicho, la buena voluntad cóbrase
repentinamente, y los que la tienen, aman así sencillamente y sin afecto. Pero parece
que esta buena voluntad es principio de la amistad, de la misma manera que de los
amores lo es el deleite de la vista, porque ninguno ama sin que primero se agrade
de la vista, y aunque uno se agrade de la vista, no por eso ama, sino cuando viene
a sentir la absencia, y desea gozar de la presencia. De la misma manera, ningunos
pueden ser amigos, si no se tienen buena voluntad, pero los que se tienen buena
voluntad no por eso luego son amigos, porque sólo tienen esto, que a los que les
tienen buena voluntad les desean todo bien, pero no por eso se pornán a valerles
ni a sufrir por ellos fatiga o pesadumbre. Y así, hablando como por metáfora,
podría uno decir que la buena voluntad es una amistad remisa o tibia, la cual, si
persevera y viene a confirmarse con la conversación, se convierte en amistad, pero
no de las que se fundan en utilidad o deleite, porque en estos tales no hay buena
voluntad. Porque el que ha recebido buenas obras, en cuenta dellas da por pago
buena voluntad, haciendo lo que es justo. Pero el que desea ver a otro próspero,
por esperanza que tiene que de allí le ha de venir algún bien a él, no parece que le
tiene al tal buena voluntad, sino antes a sí mismo. Como tampoco es amigo el que
hace servicios a otro porque le ha menester. Y, generalmente hablando, la buena
voluntad procede de virtud y bondad, cuando al tal le parece, que aquel a quien
él tiene buena voluntad es bueno, virtuoso o valeroso, o alguna cosa destas, como
dijimos que acaecía en los que se combaten.












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