Capítulo VI

Capítulo VI
En que se prueba no ser posible ser uno perfectamente amigo de muchos, y se
declara que tales son las amistades de los que puestos están en señorío
En parte reitera lo que ha dicho en el pasado de los viejos y de los hombres de
mucha gravedad. Después da las razones por donde no es posible que uno sea amigo
de muchos perfetamente, porque, como está dicho, la perfeta amistad requiere tales
experiencias y tales cosas, que no se pueden bien sacar en limpio en muchos, por
ser cosas que requieren largo tiempo.
Pero en los hombres demasiadamente graves y en los viejos no se halla tan
fácilmente el amistad, porque son menos tractables ni se huelgan tanto con las
conversaciones. Porque estas cosas parecen ser proprias del amistad, y las que
la traban y conservan, y por esto los mancebos fácilmente toman amistad y, no
los viejos, porque ninguno se hace amigo de aquellos con quien no se huelga.
Y, por la misma razón, ni con los demasiadamente graves. Estos tales, pues,
dícense ser aficionados en voluntad los unos a los otros, porque desean todo bien,
y se, comunican y valen en las necesidades; pero amigos no son mucho, por no
conversarse ni holgarse los unos con los otros, en lo cual parece que consiste
principalmente el amistad. No es posible, pues, que uno sea amigo de perfeta
amistad de muchos, así como tampoco es posible amar juntamente a muchos,
porque esto parece cosa de extremo, la cual no se puede emplear sino en uno
solamente. Ni es cosa fácil que muchos a uno le agraden de veras, ni aun por
ventura que sean buenos. Hase de hacer también experiencia dellos, y conversar
con ellos, lo cual es muy dificultoso. Pero por vía de utilidad y de deleite bien
se puede aplacer a muchos, porque los que destas cosas se agradan, son muchos,
y estos tales servicios en poco tiempo se hacen. Destas amistades, pues, mas lo
parece ser la que procede de cosas deleitosas, cuando procede una misma manera
de deleite del uno para el otro, o se huelgan el uno con el otro, o con unos mismos
ejercicios, como son las amistades que entre sí toman los mancebos, porque en
éstas resplandece la generosidad, que no en las que se fundan en utilidad, que son
amistad de tenderos. Y los bienaventurados y prósperos no tienen necesidad de las cosas útiles, pero tienen la de las cosas deleitosas, pues les agrada el vivir en
conversación con algunos, y las cosas de molestia poco tiempo las sufren. Ni aun
el mismo bien no habría quien a la contina lo sufriese, si pesado a él le fuese. Y
por esto procuran tener los amigos aplacibles. Convernía, pues, que los buscasen
buenos, pues los buenos son tales, y también para ellos lo serían, porque desta
manera habría en ellos lo que ha de haber en los amigos. Pero los que están en
señorío puestos, parece que tienen las amistades repartidas, porque unos amigos
tienen que les son útiles y otros que aplacibles; pero amigos que lo uno y lo otro
tengan, no los tienen, porque no buscan amigos que en virtud les sean aplacibles,
ni útiles en las honestas, sino buscan amigos que les sean aplacibles con gracias
cortesanas, procurando el deleite, y los útiles quieren los que sean prontos para
hacer lo que se les mande. Y estas cosas no se hallan juntamente en uno. Pero el
bueno ya está dicho que es útil y aplacible. Pero el que está puesto en alto grado
de fortuna no tiene tales amigos como éstos, si ya también no tiene alto quilate
de virtud, porque si no lo tiene, no iguala conforme a proporción el excedido,
aunque estos tales no acostumbran mucho a serlo. Las amicicias, pues, sobredichas
consisten en igualdad, porque el mismo bien procede del uno para el otro, que del
otro para el otro; y lo mismo que el uno al otro desea, también el otro al otro; a lo
menos, uno en cuenta de otro, truecan y reciben como deleite en lugar de provecho.
Ya, pues, está dicho que estas son menos firmes amistades, y que duran menos.
Y aun parece que, en realidad de verdad, no son amistades, sino que lo parecen
por alguna semejanza y diferencia que con una misma cosa tienen, porque, por la
semejanza que con la virtud tienen, parecen amistades, pues la una contiene en sí
deleite y la otra provecho, ambas las cuales cosas se hallan también en la virtud.
Pero en cuanto ésta carece de sospechosas murmuraciones y es durable, y las otras
fácilmente se deshacen, y en otras muchas cosas difieren della, por la diferencia
que entre ellas y ésta hay, no parecen amistades.

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