Capítulo VII

Capítulo VII
De la beneficencia
En el capítulo presente disputa Aristóteles cuál tiene mayor amor a cuál: el
que hace bien al que lo recibe, o el que lo recibe al que lo hace, y con muy buenas
razones filosóficas prueba que, naturalmente, ama más el que hace el bien que el
que lo recibe. Porque cada uno por ley natural tiene más amor a sus proprias obras
que no las obras a su autor, como el padre más ama a los hijos, que los hijos al
padre, y el que ha ganado la hacienda más amor le tiene que el que la ha heredado,
y cada poeta tiene mucho mayor amor a sus proprios versos que a los ajenos. Y
como el que recibe la buena obra es hechura del que la hace, y no el que la hace del que la recibe, en cuanto a aquella parte, de aquí procede ser mayor el amor del
que la hace que del que la recibe.
Pero los que hacen las buenas obras parece que aman más a los que las reciben,
que los que las reciben a los que las hacen. Y así, como cosa ajena al parecer de
razón, se disputa qué es la causa dello. A los más, pues, les parece que procede
desto: que los que reciben las buenas obras quedan deudores, y los que las hacen
como acreedores, y así como en las cosas prestadas los que las deben querrían no
ver en el mundo a quien las deben, pero los que han emprestado tienen mucho
cuidado de la vida de sus deudores, de la misma manera los que han hecho las
buenas obras desean que vivan los que las han recebido, por haber dellos las
gracias; pero los que las han recebido, no tienen mucho cuidado de dalles para ellas
galardón. Epicarmo, pues, por ventura diría que lo hacen estos tales teniendo ojo
a lo malo, pero parece cosa conforme a la condición y naturaleza de los hombres,
porque los más de los hombres son olvidadizos, y desean antes recebir buenas obras
que hacerlas. Aunque la causa desto más parece natural y no semejante a lo que
decíamos de los que prestan, porque en aquéllos no hay afición, sino voluntad de
que los tales no se pierdan, y esto por su proprio interese, pero los que a otros han
hecho buenas obras, quieren bien y aman a los que las recibieron, aunque dellos no
hayan de recebir ningún provecho de presente ni en tiempo venidero, lo cual acaece
también a los artífices, porque cada artífice ama más su obra que ella lo amaría a
él si tuviese sentido. Lo cual, en los poetas por ventura se vee más a la clara, pues
éstos aman a sus proprias poesías con la misma afición que los padres a los hijos.
Como esto, pues, parece ser lo de los bienhechores, porque el que recibe la buena
obra es hechura del que la hace, y así, el bienhechor ama más a su obra, que la obra
a su hacedor. Y esto también es la causa que todos escojan y amen el ser, porque el
ser de todos consiste en ejercicio, pues el vivir y el obrar es lo que conserva nuestro
ser. El que hace, pues, la obra, cuanto al efecto se puede decir en alguna manera,
que es la obra, y así ama la obra casi como su proprio ser, lo cual es natural cosa,
porque lo que uno es en la facultad, la obra misma que hace lo muestra realmente.
A más desto, que al bienhechor le es honra el hacer hecho semejante, y así se
deleita con lo que le es honra, pero el que recibe la buena obra, no tiene en el que
la hace otro bien sino la utilidad, la cual es menos suave y menos digna de amor,
porque de presente es aplacible el acto, en lo porvenir la esperanza, y en lo pasado
la memoria, y lo más aplacible de todo es lo que consiste en el ejercicio, y así es
lo más amable, pues al que hizo la buena obra, quédale su obra,porque lo bien
hecho dura mucho tiempo, pero al que la recibió pásasele la utilidad. Asimismo, la
memoria de las cosas bien hechas es muy aplacible, pero la de las cosas útiles no
mucho, o a lo menos no tanto, lo cual parece ser al revés en la esperanza. A más
desto, la afición parece al hacer, y el ser amado al padecer, y así en los que exceden
en el hacer esles anexo el amar y las cosas tocantes al amor. Asimismo, todos aman más las cosas que se hacen con trabajo, como vemos que el dinero lo ama más el
que lo gana que el que lo hereda, y el recebir buenas obras parece cosa de poco
trabajo, pero el hacerlas cuesta mucho. Y por esto las madres tienen más afición
a los hijos que los padres, porque les cuesta más trabajo el nacimiento dellos, y
ellas tienen más certidumbre que son suyos aquellos hijos que los padres. Lo cual,
parece que cuadra también a los bienhechores.

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