Capítulo VIII
De las partes de la prudencia
Ya está entendida la diferencia que hay entre la sciencia y la prudencia, que
aquélla considera las cosas o contemplativas o activas así en común, pero la
prudencia consiste en tratar bien los negocios en particular. Pues como todos los
negocios, o sean comunes, o particulares, y los comunes sean sin comparación de
mayor valor que los que a cada uno particularmente toca, Aristóteles, en el capítulo
presente, propone las partes de la prudencia que son en los negocios particulares la
disciplina de bien regir una casa, que se llama la Economía, y en los comunes pone
tres partes: la prudencia en hacer buenas y saludables leyes para el buen gobierno
de todos, a quien en su lengua llama nomothesia; la prudencia en juzgar bien las
causas y contiendas que se ofrecen entre los ciudadanos, la cual parte se llama
dicastice, que quiere decir judiciaria; la tercera, prudencia en el proveer las cosas
tocantes al vivir y menesteres de la vida, la cual propriamente quedó con el nombre
de disciplina de república. Estas tres partes bien regidas son las que conservan el
estado de las ciudades, reinos y provincias, y las que las destruyen, no administradas
como deben.
Es, pues, la disciplina de la república y la prudencia un mismo hábito, aunque
el estado de cada una dellas es diverso. En la prudencia, pues, que se emplea en
el gobernar bien una república, la cabeza y principal parte es la que consiste en
el hacer las leyes. Pero la que las particulares cosas considera, tiénese el nombre
común y llámase disciplina de república, y esta misma es la que trata y consulta
los negocios, porque las ordinaciones de los pueblos son casi lo último en el tratar
de los negocios. Y así propriamente decimos que solos estos tales gobiernan la
república, porque éstos son de la misma manera que aquellos que ponen las manos
en la obra. Aunque parece que la prudencia más propriamente se dice de aquel
que en sí mismo piensa solamente, y ésta es la que se usurpa el común nombre de
prudencia. Pero de las otras, una se llama sciencia de bien gobernar una familia,
otra de hacer leyes, otra de regir bien una república, y ésta tiene aún dos partes:
una, que consiste en consultar las cosas, y otra que en juzgarlas. Parece, pues,
que esta facultad tiene manera de sciencia, porque el que la tiene es hombre que
entiende; pero hay mucha diferencia, porque el que sabe bien lo que le cumple y lo pone por obra, este tal parece que es prudente; pero los que son aptos para
gobierno de república, son los que están curtidos en negocios. Y por esto dice
muy bien Eurípides:
¿Cómo puedo ser prudente,
Pues nunca me he ejercitado
En negocios, ni he tratado
Lo que pasa entre la gente?
Antes siempre entre soldados
He vivido en compañía,
Do igual parte me cabía
De los mejores bocados.
Porque los que son nuevos en negocios siempre hacen demasías, porque procuran
sus particulares provechos, y el hacerlo así les parece que es hacer lo que conviene.
Desta opinión, pues, ha procedido lo que de los prudentes decimos. Aunque el
particular bien no se puede por ventura alcanzar sin el bien de la familia, ni aun
sin el de toda la república. A más desto, que no hay certidumbre en el cómo ha de
procurar uno sus proprios intereses, y tiene necesidad de consulta. Lo cual, o por
esta razón se entiende claramente, que los hombres mozos se hacen geómetras y
matemáticos, y sabios en cosas semejantes, pero ninguno parece que por sciencia
se haga prudente. Lo cual procede de que la prudencia consiste en negocios
particulares, y éstos se entienden por la experiencia, y el hombre mozo no está
experimentado, porque el mucho tiempo es el que causa la experiencia. Porque,
¿podría alguno considerar qué es la causa que un niño puede ser matemático, y
sabio ni filósofo natural no puede, sino porque las sciencias matemáticas alcánzanse
considerando?; pero los principios de la sabiduría y sciencia natural proceden de la
experiencia, y en las matemáticas los mancebos no tienen necesidad de creer cosa
ninguna, antes ellos de suyo se las dicen; pero en las otras cosas el ser dellas es
incierto y dificultoso de entender. Asimismo, en el consultar puede haber yerro, o
en lo universal, o en lo particular. Porque puede errar uno diciendo que todas las
aguas gruesas y pesadas son malas, o afirmando que esta particular agua es gruesa
y pesada. Consta, pues, que la prudencia no es sciencia, porque, como habemos
dicho, trata las postreras cosas, cuales son las que se tratan en negocios. Es, pues, la
prudencia contraria del hábito que se llama entendimiento, porque el entendimiento
considera los principios, para los cuales no hay dar razón, y la prudencia considera
las cosas singulares y últimas, las cuales no se comprenden por sciencia, sino por el
sentido; no por el particular de cada cosa, sino por tal sentido cual es el con que en
las artes matemáticas juzgamos que esta última figura es triángulo. Porque también
allí parará nuestro conocimiento. Aunque aquel tal conocimiento mejor se dice
sentido que prudencia, y la otra ya es de otra especie.












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