Capítulo XI

Capítulo XI
De las cosas que se dicen del deleite para probar que no es cosa buena
Como se ha mostrado consistir la continencia y la incontinencia, y también
la templanza y disolución, en lo que toca a los deleites corporales, toma ocasión
de aquí Aristóteles para tratar en los capítulos que restan deste libro del deleite,
aunque en el último libro trata esta materia de propósito. Pone primero cómo
toca al filósofo moral tratar del deleite. Después pone tres diversos pareceres
que había acerca del deleite: uno que decía que ningún deleite era bueno, y otro
que algunos lo eran aunque no todos, y el tercero, que dice no ser el deleite el
sumo bien, y pone las razones en que se fundaban los que decían que ningún
deleite era bueno.
Toca también al filósofo que trata la disciplina de la república, tratar asimismo
del deleite y pesadumbre, porque este es el artífice principal que considera el
último fin, conforme a cuya consideración, a cada cosa absolutamente, o buena o
mala la llamamos. A más desto es forzado haber de tratar dellos, porque habemos
presupuesto que la virtud moral y el vicio consisten en pesadumbres y deleites.
También el vulgo dice que la suma felicidad trae consigo deleite en compañía. Y
de aquí dicen que el bienaventurado se dijo en griego, macarios, de cherin, que
significa regocijarse. Hay, pues, algunos que son de opinión que ningún deleite es
bueno, ni por sí mismo ni accidentariamente, porque no es todo uno bien y deleite.
Otros confiesan que hay algunos deleites buenos, pero que los más son malos. La
tercera opinión de otros es que, aunque todos los deleites fuesen buenos, con todo
eso no puede ser el deleite el sumo bien. Los que dicen, pues, que ningún deleite
hay bueno, fúndanse en estas razones: que todo deleite es sensible generación
encaminada a la natura, porque ninguna generación es del mismo género que el fin,
como ningún edificar es edificio. A más desto, el templado huye de los deleites.
Terceramente, el prudente procura lo que no le de pena y no lo que le sea suave.
Asimismo los deleites son estorbo de la prudencia, y cuanto mayor deleite dan
mayor impedimento son, como el deleite de la carnal concupiscencia, en el cual el
que está cebado, no puede entender cosa ninguna. Tras desto no hay arte ninguna
que enseñe el deleite, pero todas las cosas buenas son obras de arte. Finalmente, los niños y las bestias siguen el deleite. Los que dicen que no todos los deleites
son buenos, estriban en éstas: que hay algunos deleites vergonzosos y afrentosos,
y otros perjudiciales, porque muchas cosas de las deleitables causan enfermedades.
Pero los que dicenno ser el sumo bien el deleite, persuádense por esta razón:
que el deleite no es fin sino generación. Lo que del deleite, pues, se dice, casi
es esto en suma.

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