Capítulo XIV

Capítulo XIV
De los deleites corporales
Ha mostrado ser el sumo bien cosa en extremo deleitosa, y que por esto se
puede decir que el deleite es el sumo bien, aunque haya algunos deleites sensuales
malos. Por esta ocasión trata en este último capítulo de los deleites sensuales, y
declara una muy saludable filosofía, en que muestra de dónde procede que los
deleites sensuales siendo malos así emborrachan, y muestra que este mal procede
de una falsa aparencia de bien que traen consigo, con que engañan a los mozos mal
experimentados, y que todo lo que reluce (como dicen) les parece oro, y también
a los hombres melancólicos por su mal hábito de cuerpo, el cual piensan podrán
remediar con los deleites corporales.
Los que dicen, pues, que hay algunos deleites dignos de escoger en gran manera,
como son los honestos, pero no los corporales y los que sigue el hombre disoluto,
tienen obligación de tratar de los deleites corporales. ¿Por qué, pues, son malas las
molestias contrarias de los deleites corporales? Porque a lo malo lo bueno le ha de
ser contrario. ¿O diremos desta manera, que los deleites corporales necesarios son
buenos, pues todo lo que es malo es bueno? ¿O hasta cuánta tasa diremos que son
buenos? Porque cuando ni en los hábitos ni en los movimientos hay exceso en lo
bueno, tampoco lo hay en el deleite dellos; pero cuando en aquéllos lo hay, también
lo hay en su deleite. Pues en los bienes corporales hay exceso, y el ser uno malo
procede de procurar demasiada y excesivamente los bienes corporales, y no por
procurar las cosas necesarias, porque todos en alguna manera se alegran con el comer y con el beber y con los deleites de la carne, pero alégranse no como
conviene. Pero en la pesadurnbre es al contrario, porque no sólo huye de la excesiva
pesadumbre, pero generalmente de toda pesadumbre. Porque la pesadumbre no es
contraria del exceso, sino del que procura el exceso. Pero por cuanto, no solamente
conviene decir la verdad, pero también declarar la causa de la mentira (porque esto
importa mucho para ganar crédito, pues cuando parece conforme a razón aquello,
por donde lo que no es verdad parece serlo, es causa que a lo que es verdad se le
dé más firme crédito), es bien que digamos qué es la causa por donde los deleites
corporales parecen más dignos de escoger. Primeramente, pues, procuran los
hombres el excesivo deleite y señaladamente el corporal, por excluir la pesadumbre
y los extremos della, tomando al deleite, como por medicina para contra ellos.
Son, pues, estas unas pesadas medicinas, y procúranlas, por parecerles al contrario
desto. Y por estas dos causas el deleite parece ser cosa no buena, como habemos
dicho, porque algunos dellos son ejercicios de mala naturaleza, que ya dende su
nacimiento salió tal, como la de la bestia, o por costumbre, como los ejercicios de
los hombres viciosos; y otros porque son medicinas de cosa falta, y el tener ya en
ser una cosa, es mejor que no el hacerse, y otras suceden a las cosas ya perfetas; de
manera, que accidentariamente son aquéllos buenos. Asimismo, como tales deleites,
por ser terribles y subjetos a molestias, no los procuran sino los que no pueden gozar
de otros, de manera que ellos mismos se procuran a sí mismos maneras para tener
sed dellos, lo cual, cuando sin perjuicio se hace, no es de reprender, pero cuando
con perjuicio, es malo, porque no tienen otras cosas con que puedan deleitarse,
y el no tenerlas les es a muchos pesadumbre por su naturaleza. Porque como nos
persuaden las razones de los filósofos naturales, siempre el animal padece; y dicen
que el ver y el oír es cosa de pesadumbre, sino que no nos lo parece (según ellos
dicen), porque estamos ya a ello habituados. De la misma manera los hombres, en la
mocedad, por la crecida del cuerpo, tienen la misma disposición que los borrachos,
y la misma juventud, de suyo es cosa deleitosa. Pero los que son naturalmente
melancólicos, tienen siempre necesidad de medicina, porque el cuerpo destos tales,
por su complexión, siempre está consumiendo, y tienen siempre fuerte el apetito, y
el deleite, ora sea contrario, ora cualquiera, si es excesivo, despide la tristeza; y por
esto los hombres se hacen malos y disolutos. Pero los deleites que no son anexos a
molestia, no tienen exceso. Estos tales proceden de las cosas que, naturalmente y
no accidentariamente, son suaves. Llamo accidentariamente suaves las que curan,
porque de acaecer que el que sufre a la cosa medicinal que obra algo se cure, de aquí
procede que parezca cosa suave. Pero las cosas naturalmente suaves son aquellas
que hacen el ejercicio de tal naturaleza. Aunque una misma cosa no siempre no es
dulce y aplacible, por no ser sencilla nuestra naturaleza, sino haber en ella cosas
diversas, de donde procede ser nosotros corruptibles. De manera que si la una de
nosotros hace algo, a la otra naturaleza le viene cuesta arriba, pero cuando a ambas igualmente cuadra, ni parece cosa aplacible la que se hace, ni pesada. Pues si la
naturaleza de alguna cosa fuese sencilla, siempre una misma acción le sería muy
suave y aplacible. Por esto Dios siempre goza de un mismo y sencillo deleite,
porque no solamente el deleite es ejercicio de movimiento, pero aun también
de quietud, y aun más consiste el deleite en quietud que en movimiento. Pero
la mudanza de todas las cosas, como dice el poeta, es una cosa muy aplacible,
por cierta imperfición y falta de natura. Porque así como el hombre malo es fácil
de mudar de un parecer a otro, así también es mala naturaleza aquella que tiene
necesidad de trastrocarse, porque ni es sencilla, ni moderada en su bondad. Dicho,
pues, habemos de la continencia y de la incontinencia; asimismo del deleite y
pesadumbre, qué cosa es cada una dellas, y cómo algunas cosas déstas son buenas
y otras malas. Resta, pues, agora tratar de la amistad.
Fin del libro séptimo

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