Libro séptimo

Libro séptimo
De las éticas o morales de Aristóteles, escritos a su hijo Nicomaco y por esto
llamados nicomaquios
Capítulo primero
De la virtud heroica y divina, y de la continencia y sus contrarios
En el capítulo primero propone tres diferencias de vicios; malicia, disolución y
brutalidad, y tres maneras de virtudes que les son contrarias, a la maldad la virtud, a
la disolución la continencia, a la brutalidad una que no hallándole nombre proprio la
llama virtud heroica y divina; todo esto es lo más subido de quilate, lo uno en maldad
y la otra en perfición, y por esto dice que tales cosas como éstas se hallan raramente
entre los hombres; de la bondad verdad dice: ¡ojalá tanta la dijese de la extrema
malicia, que ya por nuestro mal tanto en el mundo va creciendo!
Tras desto habemos de proseguir adelante poniendo otro principio, que
de las cosas de que en lo que toca a las costumbres habemos de huir, hay tres
diferencias: maldad, disolución, bestialidad o brutalidad, y que los que a las dos
déstas son contrarias, son cosas entendidas, porque a la maldad es contraria la
virtud, y a la disolución lo que llamamos continencia. Pero para la brutalidad
diría alguno que cuadra mucho la virtud que excede a los hombres para contrario,
y es heroica y divina, como Homero dijo de Héctor, introduciendo a Priamo
que lo lloraba desta suerte:
Por extremo era bueno este valiente,
Ni hijo de mortales parecía,
Sino de dioses altos decendiente.
De manera, que si, como dicen, de hombres se hacen divinos por llegar al
extremo de virtud, tal hábito como aquél sería cierto el contrario de la brutalidad.
Porque así como la bestia ni tiene vicio ni virtud, así tampoco Dios, sino que la
bondad de Dios es cosa de mayor quilate y valor que la virtud, y el vicio de la fiera
es otro género de vicio. Y como es cosa rara hallarse un varón divino entre los hombres (como acostumbran decir los spartiatas cuando mucho quieren alabar a
uno, es un divino varón dicen), de la misma manera dicen que es cosa rara hallarse
un hombre de bestiales condiciones, y señaladamente se halla entre los bárbaros.
Algunas cosas destas acaecen también entre los hombres, o por enfermedades, o
por golpes desastrados. A los que porsus vicios, pues, desta manera exceden a los
otros hombres, solémosles poner este nombre de brutales. Pero deste hábito de
virtud heroica habremos de hacer alguna mención en lo de adelante, y del vicio ya
está dicho en lo pasado. Habemos, pues, de tratar de la disolución, del vicio del
hombre afeminado, y de la lujuria o regalo vicioso, y también de la continencia y
perseverancia en la virtud, porque ninguna déstas la habemos de juzgar por hábito
de la virtud ni del vicio, ni tampoco por cosas de género diverso. Habemos, pues, de
demostrar su naturaleza como lo habemos hecho en todo lo demás, proponiendo al
principio las cosas más claras y entendidas, y también algunas dadas y dificultades.
Proponemos, pues, señaladamente las cosas más puestas en opinión acerca destos
afectos, y si no lo que más pudiéremos y proprio fuere dellos, porque si soltáremos
lo que causa dificultad, y quedare en limpio lo que tiene probabilidad, quedará
bastantemente demostrado. La continencia, pues, y la perseverancia parecen ser
cosas virtuosas y dignas de alabanza, pero la disolución y afeminación de ánimo
viciosas y dignas de reprensión. Y un mismo es continente y perseverante en el
discurso de razón, y el mismo que es disoluto es también inconstante en el discurso
de razón. Asimismo, el disoluto, pues entiende que son vanos sus deseos, no se dirá
que los sigue conforme a uso de razón. Y al que es prudente todos lo tienen por
continente y perseverante, pero al que es continente y perseverante unos lo tienen
cualquiera que él sea por prudente, y otros no a cualquiera que tal sea lo juzga por
prudente. De la misma manera, a cualquier disoluto lo juzgan por incontinente, y a
cualquiera incontinente por disoluto, confundiendo el un vocablo con el otro. Otros
dicen que son vicios diferentes. Del prudente también unas veces dicen que no puede
ser incontinente, y otras, que algunos que son prudentes y prontos, son con todo eso
incontinentes. Llámanse asimismo incontinentes en el enojo, y en las honras, y en
el interés. Esta es, pues, la suma de lo que se ha propuesto.

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